Valores Filosofía

Somos lo que comemos dice el dicho. Yo le sumo, lo que comemos y hemos comido. En mi caso, y desde que era pequeño, en casa el plato de cada día era el esfuerzo de primero, el tesón de segundo, y de postre la superación. Siempre podías repetir de cualquiera de los platos, éramos ricos en estos valores.

Mis padres, Enric y Carme, han sido siempre unos supervivientes. A ellos les debo la capacidad de levantarme cada vez que me he caído, que no han sido pocas ni discretas.

Les he visto hacer todos los papeles del teatrillo: regentaron una ferretería, una empresa de trabajos inoxidables y una cafetería. Las fallidas en los negocios nunca se convirtieron en un freno, al contrario, de todo aprendían y empezaban de nuevo aplicando el bagaje positivo de lo anterior. A todo esto, hay que sumarle que sacaron a tres hijos adelante, yo era el más pequeño.

Cuando tenía 8 años abrieron, en los bajos de la finca donde vivíamos una panadería. Ocupaban el local que antiguamente había sido el taller de cestería y mimbre de mis abuelos. La panadería se nos quedó corta, y mis padres se propusieron ofrecer también pastelería y bollería. El único objetivo era la calidad: no vendíamos nada que no estuviera a la altura de los standares de calidad de mi padre, que eran muy altos. Esta auto exigencia por dar lo mejor de nosotros mismos también quedó grabada en mi memoria y así lo aplico a día de hoy en todo aquello que hago: o al máximo o nada.


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